Dulce desgracia: conoce las verdades que hay detrás del azúcar

Aug 10
Blog edith azucar

Mi mantra era: todo con moderación. Pero a medida que la evidencia en
contra del azúcar no hace más que acumularse, también crece mi
preocupación. Por lo menos, siempre nos quedarán las frutas…

A principios de este mes, abrí mi libro de nutrición avalado por la Universidad de Oxford, el cual
por mucho tiempo fue como una biblia para mí, y procedí a buscar el capítulo dedicado al azúcar.
El capitulo abarcaba varias páginas, que describían numerosos detalles de su composición (carbón,
oxigeno, hidrogeno), las varias formas que podía tomar (glucosa, fructosa y así sucesivamente) y
luego, sus fuentes (miel, caña, remolacha).

Finalmente, había una sección titulada “El Azúcar como alimento.” Este describía, en una forma
que ya se ve algo antigua (esta edición del libro, fue publicada en el año 1999), las diferencias
entre el azúcar morena y el azúcar refinado.

Este último, afirmaba el autor, no es más dañino que el primero; y aunque el consumo excesivo de
cualquiera de los dos tipos puede llevar a la obesidad, esto no es culpa de la azúcar, sino de las
personas que consumían mucho de este edulcorante.

Desde hace mucho tiempo se ha sugerido que la azúcar morena es más sana que la refinada - solo
basta con que le des un vistazo a este artículo en Nutrición Sin Más – Sin duda alguna, es algo que
llevamos años escuchando decir a nuestras abuelas.

Pero eso no fue lo que me llamo la atención. Lo que me sorprendió fue que el escritor firmemente
señaló a las personas como únicas responsables del aumento de peso relacionado con el consumo
de azúcar. En vez de señalar, por ejemplo, a las empresas que continuamente nos obligan a
consumir azúcar la forma de bebidas gaseosas y comidas preparadas que consumimos a diario.

Tampoco menciona la relación, hoy en día bien establecida, entre el consumo excesivo de azúcar y
la diabetes tipo 2, el cáncer e incluso, se especula que es una de las causas de la enfermedad de
Alzheimer. Alguna vez, al leer estas palabras: “la culpa es de las personas que consumen mucho
azúcar,” hubiera movido mi cabeza en aprobación. Ahora, estaba moviéndola en negación.

Todo con moderación es benigno pero el azúcar se encuentra en todas partes.

Mi mantra solía ser: todo en moderación no hace daño. Pero tengo que aceptar que las cosas ya
no son de esa manera. Gracias al periodista estadounidense Gaury Taubes, un adversario de larga
data del viejo consejo nutricional que insiste en que una dieta sana consiste en evitar las grasas,
me he vuelto, con lentitud pero con firmeza, cada vez más consciente de mi consumo de azúcar.
Gracias a mi mantra, nunca he creído que la grasa era mala en primer lugar. Incluso cuando todo el
mundo empezó a dejar de untar mantequilla a sus tostadas en la mañana, yo permanecí fiel a mi
marca de mantequilla preferida.

Pero cuando, hace más de una década, Taubes se embarcó en un viaje para probar que el azúcar y
otros carbohidratos refinados eran los que les estaban provocando los mayores daños a la salud
de las personas (lo cual fue considerado como una herejía dentro de los círculos de la salud pública
de la época) era imposible no escucharlo.

Solo tenias que visitar los supermercados para ver como los cuerpos de las personas estaban
cambiando
. Solo tenías que leer los diarios para saber acerca del efecto que esta mutación estaba
provocando en la salud de una nación entera.
La evidencia en contra del azúcar, no puede ser ignorada.

El libro más reciente de Taubes, lleva este argumento un paso más allá. En “The Case Against
Sugar” (El Juicio en Contra del Azúcar) el no pierde tiempo para desmontar los dogmas de que una
caloría es una caloría, independientemente de donde venga. Para él, el azúcar, tiene un “efecto
único a nivel fisiológico, metabólico y endocrinológico” en nuestros cuerpos.

La señala como la principal culpable de “la resistencia a la insulina,” la condición que lleva a la
diabetes y otras enfermedades, por lo cual debemos evitarla. Esto es una gran impresión para el
adulto contemporáneo que se ha acostumbrado a comer sano y balanceado como dictan los
tiempos.

Comemos menos comidas procesadas, una feliz consecuencia de que ahora cocinamos, más que
en cualquier otra época, nuestras propias comidas y somos menos indulgentes con las bebidas
gaseosas. Aun así, el azúcar forma parte importante de nuestras vidas. Ya sea que seas un adicto a
los pasteles o que espolvorees azúcar en tus comidas para que sepan mejor: un toque para el
aderezo de la ensalada, una cucharita para la salsa de tomate, sigue estando al frente de nuestros
menús.

La buena noticia es, que Taubes aprueba las frutas, las cuales son buenas para tu salud y en lo
personal, son un placer culposo.
Evitar el consumo de azúcar no es tan fácil como parece.
Pero quizás dices: “a mi no me gusta la azúcar, así que estoy a salvo”. Error. Esa sustancia blanca
está en todas partes y entra a nuestro sistema en grandes cantidades, muchas veces, sin que nos
demos cuenta. Solo hay que leer las etiquetas. La azúcar esta en todo, desde los cubitos para
caldos pasando por el maní tostado, hasta en el salami.
Si alguien dedicado a la nutrición como yo está comiendo toda esta azúcar escondida, ¿Cuánto
están consumiendo el resto de las personas? Las respuesta es: bastante. En estudios recientes, se
ha comprobado que las personas extremadamente obesas no son las únicas víctimas de los
efectos de un consumo de azúcar excesivo.

Alguien con un índice de masa corporal de 26.73 (unos pocos puntos más arriba de la medida
aceptable) puede consumir 52 kilos de azúcar al año. Solo imagínatelo. Apilada, llenaría por
completo las despensas de una cocina promedio.
Es esencial que tanto los consumidores como los productores por igual, reconozcan los peligros
del consumo desmedido de azúcar, los cuales van desde la obesidad hasta la diabetes, y
encontremos alternativas más sanas y sustentables que consumir, y las coloquemos en todas
partes. Con certeza, el irrefutable aumento en el consumo de azúcar que padece nuestra sociedad,
no puede ser ignorado.

Edith Gómez 

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